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Adoración perpetua

11-12-2013

Demos gracias al señor –nuestro Dios-, que en su gran misericordia no se cansa de buscarnos, de llamarnos, de esperarnos permanentemente…”

Muy cerca de ti, en intimidad contigo, descubro esa profunda y mística conexión que inexplicablemente me lleva a abrir el corazón, a confiar en ti y a confiarme a ti.
Mi ser interior, mi alma encuentra -en la hora de adoración- la fuente misma del amor, de la comprensión, la contención que busco y necesito. Mi ser, abatido, desvastado, que ya no oye, no ve, no siente, deja paso al alma que, sí percibe tu presencia. Tú estás allí, en el altar, Jesús eucaristía. Mi Dios vivo!. Mi alma me traduce fielmente, las sensaciones de paz, ternura, confianza, consuelo… que le inspiras y que confirman tu presencia. En un instante, todos los dolores y angustias, las frustraciones, las preocupaciones, comienzan a verterse en ti. Como un río caudaloso – que por fin encuentra cauce- me entrego. Por momentos, me silencio (aún mi mente cuestiona este misterio ¿en verdad, estás aquí, conmigo?) Sí, mi alma vuelve a manifestarte, ya no dudo, efectivamente estás y me escuchas… continúo, descargo mi pesada mochila ¡Cuánta paz!. Que sensación tan rara… ¿el peso de la carga ya no es tal, o mis fuerzas se han recuperado? Tú, produces ese efecto, te llevas lo que me agobia pero sin generar un vacío, sé que tu paz vuelve a mí, y tu amor -como una delicada compresa- me alivia.
De pronto, eso que estaba tan complicado y confuso, se rinde ante ti. Tu presencia trae luz que desbarata toda penumbra, toda oscuridad; trae paz que elimina toda tensión. Reconozco ante ti mi incapacidad, mi vulnerabilidad, mi indefensión: dejo de insistir en que se haga mi voluntad y lo pongo todo en tus manos ¡cuánto me cuesta!. Cuánto me cuesta también, reconocerte en todo lo que soy y puedo ser, en todo lo que poseo. Muchas veces vengo a estar contigo, y de manera descuidada, descortés y egoísta, te busco para que me ayudes -en aquello que me pone triste o desolada- porque es en mi miseria donde te experimento en plenitud. Cuando estoy feliz y plena, me dejo seducir por las sensaciones placenteras del éxito, de la prosperidad, del reconocimiento mundano y embelesada, me olvido de ti, el artífice de todo lo bueno de mí y de mi vida, te privo del gozo de compartir plenamente mi alegría, mi felicidad, mi satisfacción, mis anhelos, todos mis logros. Perdóname. Intentaré cambiar. Hoy, mi alma me propone contemplarte en silencio profundo. Sólo dejaré en mi corazón y mi mente a modo de –inventario – todas las bendiciones y gracias recibidas, todo tu amor. Seré minuciosa en mi intención de ofrendarte la totalidad individualizada de mis alegrías y triunfos. Sé que me voy a emocionar, porque de sólo pensarlo me conmuevo. Alma mía, gracias!!!. Creo que me has comunicado de buena fuente, la mejor manera de sentir cuan amada soy. Ansiosa estoy por mi próximo encuentro.

Oración testimonial de la parroquiana –orante- Laura Huck